¿Cómo actualizar la democracia en la era del Internet?

Pia Mancini y sus compañeros quieren actualizar la democracia en Argentina, y más allá de sus fronteras. Con su plataforma de código abierto, quieren involucrar a los ciudadanos en el proceso legislativo y promover candidatos que escuchan lo que los ciudadanos dicen.


Pía Mancini se autodefine como una "activista de la democracia". En su exposición en TED plantea unos conceptos interesantes. Aquí la transcripción de la presentación.

Me parece que estamos de acuerdo en que nos movemos hacia un nuevo modelo de Estado y sociedad. Pero no tenemos la menor idea de qué es eso o qué debería ser. Parece que necesitamos tener una conversación acerca de lo que es la democracia en nuestros días y nuestra época. 

Pensemos en ello de la siguiente forma: Somos ciudadanos del siglo 21 haciendo lo mejor que podemos para interactuar con instituciones diseñadas en el siglo 19 basadas en tecnologías de la información del siglo 15. Démosle un vistazo a algunas características del sistema. Para empezar, está diseñado para una tecnología de la información de hace más de 500 años. Y el mejor sistema que se podría diseñar para algo así es uno en el que sólo unos pocos toman decisiones diarias en nombre de la mayoría y la mayoría puede votar una vez cada dos años. En segundo lugar, los costos de la participación en este sistema son tremendamente altos. O bien se tiene mucha plata e influencias, o se le dedica la vida completa a la política. Uno tiene que convertirse en miembro de un partido y lentamente empezar a labrarse el camino para llegar, tal vez, algún día, a ocupar un puesto en una mesa en la que se tomen decisiones. Finalmente, aunque no menos importante, el lenguaje del sistema es increiblemente críptico. Está hecho por abogados, para abogados y nadie más lo puede entender.
Es un sistema en el que podemos elegir nuestras autoridades, pero se nos deja totalmente excluídos del proceso que estas autoridades usan para tomar sus decisiones. Y entonces, en una época en que las tecnologías de la información nos permiten participar en cualquier conversación global, en que las barreras de la información han sido completamente superadas y podemos, más que nunca antes, expresar nuestros deseos y preocupaciones, nuestro sistema político es el mismo de los últimos 200 años y todavía espera que nos conformemos con ser simplemente receptores pasivos de un monólogo.
Y entonces, no es ninguna sorpresa que este tipo de sistema sólo pueda producir dos tipos de resultado: silencio o ruido. Silencio en el sentido de tener ciudadanos que no se involucran, que simplemente no quieren participar. Hay este lugar común que a mí, en verdad, me disgusta, que es la creencia de que nosotros, los ciudadanos, somos apáticos por naturaleza, que le huimos al compromiso. Pero, ¿realmente puede culpársenos por no avalanzarnos hacia la oportunidad de ir al centro de la ciudad, a mitad de la jornada laboral para asistir, físicamente, a una audiencia pública que no tendrá ningún impacto sobre nuestras vidas? El conflicto es inevitable entre un sistema que ya no nos representa ni tiene ninguna capacidad de diálogo, y ciudadanos que se acostumbran cada vez más a representarse a sí mismos. Y luego está el ruido: Chile, Argentina, Brasil, México, Italia, Francia, España, Estados Unidos, son todas democracias. Los ciudadanos tienen acceso a las urnas.
Pero ellos todavía sienten la necesidad de tomar las calles para ser escuchados. Parece que el eslogan del siglo 18 que dio pie a la formación de nuestras democracias modernas, "No hay impuestos sin representación", puede ahora actualizarse a "No hay representación sin conversación". Queremos nuestro lugar en la mesa.
Y con toda razón. Pero para ser parte de esta conversación, necesitamos saber qué hacer a continuación porque la acción política es ser capaz de pasar de la agitación a la construcción. Mi generación ha sido increíblemente buena usando las nuevas redes y tecnologías para organizar protestas, protestas que fueron capaces de imponer agendas, revertir legislación extremadamente perjudicial y hasta derrocar gobiernos autoritarios. Y tenemos que estar inmensamente orgullosos de ello. Pero también tenemos que admitir que no hemos sido muy buenos en usar esas mismas redes y tecnologías para articular con éxito una alternativa a lo que estamos viendo y para llegar a los consensos y construir las alianzas que se necesitan para lograrlo.
Y el riesgo que enfrentamos es que podemos crear enormes vacíos de poder que rápidamente serán llenados por gobiernos de facto como los militares o grupos ya organizados y altamente motivados que por lo general se encuentran en los extremos.
Pero nuestra democracia no es sólo un asunto de votar una vez cada dos años. Y tampoco es la capacidad para reunir a millones en las calles. La pregunta que quisiera plantear aquí y que, en realidad, creo que es la más importante que debemos responder, es: ¿Si Internet es la nueva imprenta, qué es entonces la democracia para la era de Internet? ¿Qué instituciones necesitamos construir para la sociedad del siglo 21?
No tengo la respuesta, por si acaso. No creo que nadie la tenga. Pero, en verdad, creo que no podemos seguir ignorando más está pregunta. Y entonces, me gustaría compartir con Uds. nuestra experiencia y lo que hemos aprendido hasta ahora, aportar nuestro granito de arena a esta conversación. Hace dos años, con un grupo de amigos de Argentina, nos empezamos a preguntar, "¿cómo hacer que nuestros representantes, nuestros representantes electos, efectivamente nos representen?" Marshall McLuhan alguna vez dijo que la política es resolver los problemas de hoy con las herramientas de ayer. La pregunta que nos motivó fue: ¿podemos resolver algunos de los problemas actuales con herramientas que usamos en nuestras vidas todos los días? Nuestro primer paso fue diseñar y desarrollar un programa llamado DemocracyOS.
DemocracyOS es una plataforma web de código abierto diseñada para servir de puente entre ciudadanos y representantes electos y hacer más fácil que participemos desde nuestras vidas cotidianas. En primer lugar, allí usted puede informarse, porque cada nuevo proyecto que se introduce en el Congreso es traducido y explicado inmediatamente en lenguaje sencillo en esta plataforma. Pero, todos sabemos que el cambio social no va a ser el resultado solo de tener más información, sino de hacer algo con ella. El acceso a una mejor información debería conducir a una conversación acerca de lo que haremos luego, y DemocracyOS nos permite hacer eso. Porque sabemos que la democracia no es sólo asunto de apilar preferencias una encima de otra sino que un debate público, robusto y sano debería ser nuevamente uno de sus valores fundamentales.
Entonces, DemocracyOS es acerca de persuadir y ser persuadido. Tiene que ver tanto con alcanzar consensos como con encontrar una forma apropiada para canalizar nuestro desacuerdo. Y finalmente, usted puede votar cómo le gustaría que votara su representante electo. Y si no se siente cómodo votando por un asunto determinado, siempre podrá delegar su voto en alguien más, dando lugar a un liderazgo social dinámico y emergente. Y se volvió muy fácil para nosotros comparar estos resultados con la forma en la que nuestros representantes estaban votando en el congreso. Pero, también se volvió muy evidente que la tecnología no iba a ser suficiente. Lo que necesitabamos era encontrar a los actores capaces de tomar este conocimiento distribuido en la sociedad y de usarlo para tomar decisiones mejores y más justas. Así que fuimos con los partidos políticos tradicionales y les ofrecimos DemocracyOS. Dijimos, "Miren, esta es una plataforma que Uds. pueden usar para construir una conversación de doble vía con sus electores". ¡Y sí, fracasamos! ¡Fracasamos en grande! Nos mandaron a jugar afuera, como si fuéramos niños. Entre otras cosas, nos llamaron ingenuos. Y tengo que ser honesta: en retrospectiva, creo que lo fuimos. Porque los desafíos que enfrentamos no son tecnológicos, sino culturales.
Los partidos políticos nunca han querido cambiar la forma en que toman las decisiones. Y entonces se hizo algo obvio que si queríamos ir a algún lado con esta idea, necesitábamos hacerlo nosotros mismos. Y entonces realizamos un salto de fe, y en agosto del año pasado fundamos nuestro propio partido político. El partido de la Red en la ciudad de Buenos Aires. Y en un salto de fe todavía mayor, nos postulamos a elecciones en octubre del año pasado con la siguiente idea: Si ganamos una silla en el Congreso, nuestro candidato, nuestro representante, iba siempre a votar de acuerdo con lo que los ciudadanos decidieran en DemocracyOS. Todo proyecto que se introdujera en el Congreso, lo íbamos a votar de acuerdo con lo que los ciudadanos decidieran en la plataforma en línea. Era nuestra forma de hackear el sistema político. Entendimos que si queríamos volvernos parte de la conversación, tener un puesto en la mesa, debíamos volvernos actores válidos, y la única forma de hacer eso era jugando con las reglas del sistema. Estábamos hackeando en el sentido de que estabamos cambiando radicalmente la forma en que un partido político toma sus decisiones. Por primera vez, estábamos tomando las decisiones junto con aquellos a quienes afectábamos directamente con esas decisiones. Era una jugada arriesgada para un partido con dos meses de fundado en la ciudad de Buenos Aires. Pero captó la atención. Obtuvimos 22.000 votos, 1.2 por ciento de los votos, y fuimos la segunda opción a nivel local. Y aunque eso no haya sido suficiente para ganar un puesto en el Congreso, lo fue para convertirnos en parte de la conversación, al punto de que el próximo mes el Congreso, como institución, estará lanzando por primera vez en la historia de Argentina, un DemocracyOS para discutir con los ciudadanos tres proyectos de ley: dos relacionados con el transporte urbano y uno más con el espacio público.
Nuestros representantes electos, no están gritando, claro está, "Sí, vamos a votar de acuerdo con lo que los ciudadanos decidan", pero están dispuestos a intentarlo. Ellos están deseosos de abrir un espacio nuevo al compromiso ciudadano y con suerte, ellos van a querer escucharlos también. Nuestro sistema político se puede transformar, y no con subversión o destrucción, sino rediseñándolo con herramientas que Intenet nos ofrece hoy por hoy. Pero el desafió real es encontrar, diseñar, crear, empoderar los conectores que pueden innovar, transformar ruido y silencio en señal, y finalmente traer nuestras democracias al siglo 21. No digo que sea fácil. Pero, por experiencia, sé que tenemos una verdadera oportunidad de hacer que funcione. Y en mi corazón, sé que definitivamente, vale la pena intentarlo. Gracias.